miércoles, 2 de mayo de 2012

Las bodegas sudafricanas y sus vinos para el nuevo mundo

Sudáfrica se inscribe entre los llamados países del Nuevo Mundo en la jerga vitivinícola. Mirando hacia atrás, se descubre una historia productora y, mirando adelante, se ve su proyección en y relevancia en el mercado internacional. Es que desde el fin del apartheid, en 1990, de la mano de Nelson Mandela, el país vuelve a reinsertarse en el mundo y en los mercados extranjeros con todos sus productos. En 2004 la imagen de estos vinos se une al concepto de biodiversidad, en un compromiso claro con el medio ambiente. Entre otras innovaciones, suma la tapa a rosca para las botellas. Ocupa el noveno puesto entre los países productores, con 120.200 hectáreas implantadas. En 1654, el primer gobernador, Johan Van Riebeck, planta el primer viñedo en Ciudad del Cabo, que da los primeros vinos en 1659. Veinte años después, Simon Van der Stel (segundo gobernador) recibe una propiedad a la que llama Constantia. Nace así una zona vitivinícola muy importante. Hacia fines de ese siglo y comienzo de 1700, la llegada de los franceses impulsa la industria y los vinos comienzan a salir del país. En 1788 el vino Constantia es aclamado en Europa. A principios del siglo XX, el país sufre la crisis más grande de la industria, hasta que en 1925 se logra cruzar Pinot Noir con Cinsault dando origen a la variedad emblema del país: la Pinotage. Tal es el compromiso de los productores, que en 2010 las ventas de Sudáfrica en Inglaterra superaban a las de Francia. Ese año el país fue sede del Mundial de fútbol y aprovechó para difundir y consolidar a sus vinos.

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