miércoles, 14 de marzo de 2012

Cosas del vino de los reyes

De las uvas de oro de María Teresa y Eugenia de Montijo a la sangre de toro húngara. En sus paseos etílicos por Budapest, Pablo Neruda le dedicó un largo poema al Tokaj o Tokay, un vino de color tornasolado cuyas gotas son como el oro puro. «Doy al Tokay translúcido la copa de mi canto: cae, fuego del ámbar, luz de miel, camino de topacio, cae sin que termine tu cascada, cae en mi corazón, en mi palabra...». Las fancachelas danubianas de Neruda y Miguel Ángel Asturias, acompasadas por la música gitana y los acordeones, reclaman un hueco en la historia de ese Budapest noctámbulo de la etapa comunista donde sólo la gerontocracia del partido se confesaba con el vino de los reyes en largas y dulces libaciones. 


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